TRAVESÍA POR EL LAGO
Meses después tendría la oportunidad de brindar unas charlas testimoniales sobre este viaje. Al llegar a este punto haría un silencio que el activo grupo presencial acompañaría. Un tiempo después el padre Enrique, luego de haber presenciado las charlas diría: —Se emocionó cuando llegó a este punto. —y aún lo hago, cuando escribo… porque no se en que tiempo escribo.
Sin embargo me seguiré preguntando sobre ese estado de paz infinita, ¿cómo definirlo?, ¿qué es lo que en realidad sucede?
No consiste en algo sobrenatural, no lo vemos a Él, ni lo imaginamos caminar sobre las aguas; no son visiones, se lo que son y en mayor o menor grado todos hemos tenido experiencias; tampoco es solo el recuerdo de los dichos de mi madre, aunque es como volver a escucharla decir: «Poder caminar por los lugares por donde caminó Jesús… »
Jesús mismo nos habló de cómo podemos realizar algo por él, haciéndolo en los que tienen hambre, sed, en los forasteros, en los desnudos, en los presos [Mt 23, 35-36], o sea en los que sufren, pero eso no nos dice dónde ni como encontrarlo.
“Esta oración de quietud… comienza ya a darnos su reino aquí… Es ya cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos. Porque es un ponerse el alma en paz, o ponerla el Señor con su presencia” [Santa Teresa de Ávila Camino de perfección]
La santa madre Teresa de Calcuta [El amor más grande] nos habla de la contemplación con un sentido más amplio, no como perteneciente a un instante, sino de “vivir la vida de Jesús… Nuestra contemplación es nuestra vida” “dicho de una manera sencilla, nuestra vida de contemplación es comprender la presencia constante de Dios y Su tierno amor por nosotros en las cosas más insignificantes de la vida”
O quizá sí, se trata de contemplación, de tener la paz, la mansedumbre, tener un corazón limpio y abierto, y eso también implica una manera de vivir la vida. Por un solo y corto momento, mirar dentro de ese momento y desear expandirlo. Sería poder reconocer la inhabitación de Dios en nuestra alma [1 Cor 3, 16].
Lo más adecuado para describir lo que sucedió se encuentra en la respuesta de Felipe a Natanael: «Ven y verás» [Jn 1, 45-51] donde en el mismo pasaje: «Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Porque la Gracia es pura gratuidad. Y nunca hubo una certeza más grande, Él nos vio, nos escuchó cuando nos preguntábamos sobre el lago que describía Marcos… Deberé preguntarme: ¿en qué he cambiado?
La embarcación aceleró, hizo un giro y comenzó a tomar el camino de regreso. Todos los integrantes del grupo parecimos despertar, volver al presente. Cesa de repente, como vino !comenzó el ruido! Los comentarios se dirigieron a lo que vemos y no a lo que sentimos. Vuelven las fotos, los montes, las olas pequeñas y su chapoteo.
El bote en que viajamos es por supuesto bastante más grande que aquel en el cual navegó Jesús con algunos de sus discípulos, mientras el resto de ellos lo hacía en otro.
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